jueves 17 de noviembre de 2011

Algo que me trae contrariado

Primero que nada agradezco a esta plataforma, porque me da absolutamente igual si lo lee ninguno o muchos. Ojalá si alguien se topa esto, le sirva de algo.

El último libro que estoy leyendo es El cosechador de estrellas que es la biografía del astronauta mexicano José Hernández Moreno, quien estuvo en la Estación Espacial Internacional. No escribo para discutir el libro, porque en ningún momento me creo lo suficientemente letrado para dar crítica literaria, sino porque conforme lo he estado leyendo caigo en cuenta de un fenómeno bastante triste que sucede alrededor de esta historia y muchas otras más.

A medida que avanzaba en las primeras páginas, me llegaba esa ola inspiradora que naturalmente viene con leer sobre una historia de superación, automotivación, determinación y perseverancia. Pero también me hizo recordar el fenómeno que sucedió cuando él estaba en el espacio y una vez más cuando se publicó el libro: una vez más las noticias en el medio que gusten y manden se plasmaban de "otro ejemplo de cómo el mexicano sí puede, pese a todo".

Con frases como esa, con más o menos palabras, he leído notas de muchos tipos. Me remonta a una reseña sobre Horacio Llamas que escuchaba en el radio o cuando descubrieron a Neri Castillo jugando en Grecia, entre muchas otras en ámbitos muy variados. Esto, independientemente del gusto que todos sentimos porque un paisano logró triunfar, me hizo reflexionar sobre el hecho de lo aislados que son esos casos. Que si vemos la historia de estas personas, nos damos cuenta que su esfuerzo propio y su arduo trabajo, combinado con circunstancias poco alcanzables para la media poblacional, fue lo que los llevó a tener éxito donde antes ningún mexicano había tenido.

Queda claro que un mexicano campesino no llegó al espacio por un proyecto de nación que impulsara la ciencia y la tecnología al grado de que lo pidieran en la NASA, ni que el primer basquetbolista mexicano en la NBA alcanzó un lugar en el circuito más prestigiado de esta disciplina porque hubiera un programa de fomento al deporte ráfaga que viera como resultado el primero de muchos nacionales jugando en la liga del país del norte. Lo que queda expuesto en una frase como esa, es la mentalidad del país en general que sin tener una mira apuntando a algún objetivo ni la intención de hacerlo, lo único que le puede decir el gobierno a su gente es: "ya ven?? no estamos tan tontos"

Puesto en esas palabras, cualquiera de nosotros nos transformamos y vociferamos "en este país NADIE es un tonto" contra quien se le ocurra decir tal infamia (con más o menos groserías). Pero puesto como "otro ejemplo de que los mexicanos sí podemos, pese a todo" ¿a poco no hasta puede imaginarse a su abuelita asintiendo frente al televisor?

Eso es lo que me tiene contrariado! Es lo que me tiene triste, enojado e impotente. Estamos tan mal anímicamente que nos levantan los ánimos con casos aislados que inclusive son demeritados al promoverlo como "la primera persona que usó twitter en español desde la Estación Espacial Internacional". ¿Por qué fregados ponen como estandarte de una GRAN historia de éxito algo tan inverosímil? Lo rebajan al nivel del primero que compró el nuevo iphone o al mexicano que fue la primer persona en entrar a ver el cadaver de Juan Pablo II. ¡Los astronautas mexicanos se cuentan con una mano! Y la trascendencia de desarrollo de inteligencia, cultura, educación, investigación que tiene el hecho de que gente esté en el espacio se ve opacada por la trascendencia de enviar un tweet en español... seguramente el siguiente astronauta mexicano va a tallar con un cutter "puto el que lo lea" en algún lado.

Es necesario cambiar esa forma de pensar. Es imperativo buscar que ya no sean casos aislados los que sumen éxitos mexicanos, sino que la gente pueda notar que son consecuencia de una serie de acciones planeadas como nación y que arrojan resultados tangibles que cada vez son más constantes.

Lo peor es que conforme escribo me vienen más cosas a la mente y sólo consigo que mi redacción se deteriore y que parezca a ratos como cuando el chavo del ocho se emociona y patea agarrándose la gorra. Por lo pronto lo dejaré así para no enrollarme más, pero si leen esto y son capaces de proyectar la idea a distintos ámbitos, verán que en ningún sentido estamos caminando hacia algo que se tenga claro.

martes 5 de julio de 2011

Viajero

Después de un mes de abandonar este espacio, vuelvo para compartir un poco de lo que sigue pasando. La verdad es que desde hace un par de semanas quería volver a escribir por estos lugares, pero fue un mes entero de tanta transición y despedida y cierre de círculos que me era difícil poner en orden las ideas y encontrar el tiempo suficiente para sintetizarlo y escribirlo en el Blog de manera que pudiera ser entendible sin que fuera una letanía de 2000 palabras.

Así pues, disculpará usted lector si omito muchos detalles y eventos, pero ha pasado tanto en estos días que será difícil remontarse en el relato donde me quedé. Por ahora ha de saber que tengo una semana de haberme despedido de mi hogar de los últimos cinco meses. Fue extraño darse cuenta que las personas con las que he convivido casi diario durante los últimos meses, jamás volverán a encontrarse conmigo todas juntas bajo las mismas circunstancias. Posiblemente vea a varios de manera aislada y en un GRAN golpe de suerte, tal vez nos podamos reunir todos otra vez, pero eso solo el tiempo lo sabe.

Ahora estoy de nómada por el viejo mundo, conociendo y recorriendo calles y ciudades donde no siempre puedo comunicarme en el idioma local (o casi nunca, mejor dicho). Aún así, el mundo es tan benévolo con el turista que hasta así puede uno viajar. Se nota el ligerísimo disgusto de quienes te atienden, sin embargo muchos saben que de estar en mi país sufrirían del mismo mal. Además, la forma de viajar también fue nueva para mí, aunque muy vieja para el mundo: el tren.

Dado que era muy chico cuando dejó de funcionar la red ferroviaria en mi país, nunca tuve la oportunidad de viajar en uno ni de saber cómo funciona la dinámica de los boletos, asientos, etc. Hasta ahora puedo decir que ha sido una experiencia muy placentera, sólo atropellada por la incertidumbre ante el alcance del pase que tengo para viajar. Siempre temo que me digan que hay algún problema y de vez en cuando dudan y tienen que corroborar con algún superior. Afortunadamente, no ha habido ningún problema mayor.

En fin, la comida cambia todos los días, el paisaje también, el mapa en mi mano, la gente en las calles, a veces la moneda, el idioma de las señalizaciones. Todo cambia de forma muy rápida, pero también eso lo hace más emocionante. Es por eso que encontrar el tiempo para escribir en este espacio me ha sido difícil. Estoy en un proceso de adaptación constante al lugar en el que estoy y de conocimiento de los alrededores. Poco tiempo tengo de sobra para mis motivaciones personales de mi vida cotidiana y prefiero aprovecharlo para establecer comunicación directa con las personas cercanas.

Para terminar, sólo falta agregar que conforme avanza el tiempo se camina más seguro, se habla más claro, se pierde el miedo y los nervios y se da uno cuenta que en general si se viviera la vida como si uno fuera un viajero constante, muchos paradigmas se romperían inclusive dentro del medio más habitual para uno.

martes 10 de mayo de 2011

Clímax

Si se viera mi excursión al extranjero como una novela, éste sería el punto hacia donde todo converge. Ya se puede vislumbrar cómo las secuencias de acción son más frecuentes y más intensas, cómo las emociones oscilan con mayor amplitud. En el mundo real se traduce a más trabajo por terminar, más viajes en los próximos días, más convivencia con los nuevos amigos y por otro lado emociones de volver a mi país, de querer mantener el mismo modo de vivir que he adoptado en estos últimos meses, de terminar mi carrera, de no saber qué va a seguir, de por fin avanzar con la tesis, de querer tocar el sax sin que se molesten los vecinos.

En fin, todo esto se junta y se arrebatan lugares en mi pensamiento todo el tiempo. Pero al final, estar consciente de todo esto me permite afrontar con anticipación las situaciones y no sorprenderme con la resolución de cada cosa. Si algo me ha enseñado este viaje es que mi sentido común funciona muy bien y que seguirlo en momentos de duda me llevará casi siempre a un resultado favorable.

Desgraciadamente, como esto no es una novela, quedarán muchos cabos sueltos en historias paralelas a la principal. Simplemente porque no cuento con la visión de un narrador omnisciente, sino con las limitaciones de estar a "nivel de cancha" donde todo se vive más intenso, pero no puedes ver todo.

martes 26 de abril de 2011

Descanso y reflexiones

Me encuentro otra vez ante este lienzo digital para relatar un poco más de mis peripecias y pensamientos. Vengo llegando de dos viajes muy diferentes y muy buenos ambos. Afortunadamente, ahora me puedo jactar de conocer cuatro de los cinco continentes (si no contamos el polo sur) y me doy cuenta que extrañamente el mundo árabe generalmente no se asocia con la imagen estereotipada de África y aún así forma parte de él.

Paseé como turista por tierras tercermundistas, entendiéndome a medias con un paupérrimo francés que caía bien a los locales y la fortuna de que el hambre es tan canija que los hace hablar en siete idiomas (los que alcancé a escuchar), por lo que inglés o español me ayudaban a sortear las aguas.

Por otro lado, también conocí la ciudad donde choca el mundo árabe y el español que da como resultado un agradable sitio muy pintorezco de calles retorcidas y edificios garigoleados. Con tradiciones españolas muy típicas del sur, como el flamenco, los bares de tapas y rock metalero español, pero también con kebabs (con sus mil formas de escribirse), edificios moros, gitanos en las calles, venta de pulseritas, joyería y ropa aguada muy al estilo de mi querido Lugar de Coyotes.

Además la compañía que tuve en cada uno fue tan distinta que también me generó una experiencia distinta. Por un lado el hambre de conocer de los extranjeros que están de intercambio y por el otro el hambre de comer de los nacionales que aprovechan el viaje más como un pretexto para verse, que para conocer la ciudad que visitan. Pero aún así pude conocer bastante en ambos lugares, desde perspectivas diferentes.

Y después de tantos días de viaje, llego a mi casa en el extranjero para ordenar ideas, planear lo que viene, adelantar trabajos y prepararse para la recta final (académicamente hablando) de mi viaje. Por eso es que el título se llama descanso y refelxiones, porque en este momento no pretendo más que descansar previo al agetreo que se avecina y porque tengo una reflexión que hice esta mañana mientras tendía la ropa que me gustaría compartir con quien esté leyendo esto.

Recordando a mi buen amigo libanés y su insistencia por mantener a flote su filosofía de vida por más mal que se la esté pasando, me quedé pensando si yo tenía un modus operandi que definiera mi filosofía de vida. Así pues concluí lo siguiente: no rendirse cuando se quiere alcanzar un sueño, dar lo mejor EN TODO y por último, todo es unos y ceros.

Me permito ahora explicar éste último. Ya en alguna entrada muy antigua mencionaba que la escencia de una acción o una postura hacia algo en concreto puede ser abstraida y aplicada en otra circunstancia. Es como extrapolar algo particular hacia un punto más universal. lo de todo es unos y ceros sale de pensarlo con un ejemplo gráfico que espero que ayude a entenderlo.

Todos usamos en la computadora algún programa, digamos que es uno de edición de imágenes. Si se ve desde la perspectiva particular del usuario, el programa sólo sirve para editar imágenes y si se quisiera editar un video o dibujar, pues no se podría a menos que se adquiriera otro programa. Pero para un programador de Adobe, por ejemplo, los tres programas son escritos con un mismo lenguaje de programación, por lo que él es capaz de tomar algo que es aplicable para editar imágenes y reestructurarlo para que edite video. Si nos vamos más para atrás, ese lenguaje de programación se traduce en caracteres binarios que sirven no sólo para la computadora, sino para cualquier aparato electrónico digital (unos y ceros).

Así pues, quien llega (no digo que sea rápido) a percibir la lógica que yace detrás de una acción en particular, puede llevarla a otra aplicación. Lo interesante es que si nos vamos, más atrás en el ejemplo se vuelven impulsos eléctricos generados a partir de la excitación de los electrones en un material semiconductor, pero obviamente "unos y ceros" tiene más sex appeal.

Tal vez al final no es una filosofía de vida que parezca tan alegre como la que me motivó a buscar la mía, pero créanme que para mí lo es y me genera sonrisas y alegrías. En fin, he notado poco a poco que la nostalgia va entrando en el sistema y ahora que tengo tres meses de haber salido de mi patria comienzan a aflorar más las cosas que no tengo. Pero sabemos aguantar y sabemos que eventualmente volveremos a ello, así que a seguir con esta experiencia hasta que ya no quede más.

sábado 16 de abril de 2011

Y antes de partir...

Me encuentro esta vez, querido lector, haciendo tiempo mientras da la hora de partir rumbo a tierras exóticas en las cuales nunca he puesto pie. Diambulaba por el internet cuando pensé que sería bueno dejar plasmada una memoria del sentimiento de expectativa que tengo en estos momentos previos al viaje.

No sé exactamente qué voy a ver ni conozco a todos con los que voy a viajar, pero por mi parte haré lo posible (como siempre) de disfrutar y observar. Por momentos siento que leer tanto Sherlock Holmes me ha hecho estar atento a más detalles y a querer inferir más de la cuenta. Y antes de partir me gustaría agradecerle a usted, que le da vida a las palabras cuando se da a la tarea de leerlas, por tomarse el tiempo de leer lo que este blog contiene. Sé que no tiene ningún valor literario ni pretendo que sea una lección de vida para otros, pero seguro que hasta ahora ha sido una buena vitácora de viaje. Además seguro notará usted, como yo, la evolución en el estado de ánimo de su humilde narrador a lo largo de esta experiencia.

En fin, no pretendo escribir más. A mi regreso seguramente tenga más que decir.

sábado 9 de abril de 2011

playa

Aunque sé que no sólo escribiré sobre la playa, le pongo este título a la entrada dado a que fue lo que vi durante las últimas seis horas y media. Hoy sí me aventé una maratónica jornada en la playa muy al estilo de mi señor padre, salvo por la comodidad de las sillas plegables y el ceviche para acompañar.Lo que sí hice por fin es meterme al mar y aunque todavía estaba un poco más frío de lo que me gustaría, para el calor que estaba haciendo afuera era una buena compensación.

Antes de ir me preparé con todo lo necesario y de forma tan rápida que me quedó claro que no soy ningún novato en esto de las incursiones playeras. Bloqueador solar bien aplicado, chanclas, toalla, papas, agua y lo necesario para comunicarme, comprar comida e identificarme en caso de algún percance; todo esto dentro de una buena mochila para no batallar a la hora de cargar.

Llegué para encontrarme a la mitad de la población de la ciudad ahí disfrutando de los 32°C que hubo durante varias horas de la tarde. Una vez más es divertido ver cómo se comporta la gente y algo que me queda claro es que la gente de esta ciudad se refugia del frío de invierno bajo el techo de los gimnasios, porque ahora que por fin hay sol, ¡Cuántos musculosos te encuentras! Pareciera que le dedican al menos unas diez horas de la semana a eso de la halterofilia... o he ahí el misterio de porqué al gimnasio le llaman "sala de musculación" (se toman el nombre muy literal).

Yo por otro lado, luciendo mis fabulosísimos 1.83 m de estatura con 60 kg de peso, presumía de que aunque no tenga músculos tan desarrollados, mis brazos sí tocan los costados de mis piernas cuando los dejo caer. Pero bueno, eso sólo es por reír un rato en realidad estuve platicando muy a gusto con la gente que me acompañaba y disfrutando de mi botana como sólo la playa te puede permitir. En general parecía un día típico de vacaciones de verano sólo que adelantado unos tres meses e inmerso en un típico fin de semana de jornada laboral. No hay más qué pedirle a la vida.

Por otro lado, todo va excelente; la escuela, la pachanga, el conocer, el día a día, todo va a pedir de boca. Se aproximan más viajes y habrá qué disfrutar al máximo también. Ya pude conocer los pueblos cercanos y es tiempo de incursionar en otros estados, países y continentes. Así es, mis próximos viajes ceran una exploración a lugares tan diversos que espero que mis ojos alcancen a ver todo lo que puedan y que mi memoria nunca los olvide y que mi cámara no deje de funcionar, claro. Falta mucho para que este viaje termine y aún así ya puedo ver el final acercarse peligrosamente cada vez más rápido. Creo que cuando eso llegue, seré otro, no de manera radical, pero sí otro mejorado (espero) y más consciente de muchas cosas.

miércoles 23 de marzo de 2011

y después de tanta fiesta...

Tras dos semanas de fiesta, ya me había acostumbrado a estar en la pura pachanga, pero rápidamente el propósito por el que vine me aterrizó y muchos planes futuros se ven frustrados por tratar de acomodarlos en el horario escolar. Aún así ahora busco árduamente cómo hacerlo encajar. La gran ventaja es que no soy el único buscando, así que esto se hace más rápido.

En otros asuntos, ya por fin me decidí a hacer la tan aplazada cena mexicana... a ver qué tal queda, sólo tengo que encargarme de buscar el viernes todo, para no salir con sorpresas de que no encuentro carne o los aguacates están muy verdes todavía.

En realidad estoy viviendo mi vida como me gustaría que fuera en un futuro: conmigo tomando las decisiones de qué hacer, con tranquilidad y felicidad. Sólo falta agregarle un trabajo y mi novia conmigo. No sé cuánto tiempo tarde en llegar a ese punto, ni tengo prisa de ello, pero sí sé que habrá que dirigir los esfuerzos para conseguirlo.

Como siempre me ha dicho un buen hombre: El que persevera, alcanza.