Primero que nada agradezco a esta plataforma, porque me da absolutamente igual si lo lee ninguno o muchos. Ojalá si alguien se topa esto, le sirva de algo.
El último libro que estoy leyendo es El cosechador de estrellas que es la biografía del astronauta mexicano José Hernández Moreno, quien estuvo en la Estación Espacial Internacional. No escribo para discutir el libro, porque en ningún momento me creo lo suficientemente letrado para dar crítica literaria, sino porque conforme lo he estado leyendo caigo en cuenta de un fenómeno bastante triste que sucede alrededor de esta historia y muchas otras más.
A medida que avanzaba en las primeras páginas, me llegaba esa ola inspiradora que naturalmente viene con leer sobre una historia de superación, automotivación, determinación y perseverancia. Pero también me hizo recordar el fenómeno que sucedió cuando él estaba en el espacio y una vez más cuando se publicó el libro: una vez más las noticias en el medio que gusten y manden se plasmaban de "otro ejemplo de cómo el mexicano sí puede, pese a todo".
Con frases como esa, con más o menos palabras, he leído notas de muchos tipos. Me remonta a una reseña sobre Horacio Llamas que escuchaba en el radio o cuando descubrieron a Neri Castillo jugando en Grecia, entre muchas otras en ámbitos muy variados. Esto, independientemente del gusto que todos sentimos porque un paisano logró triunfar, me hizo reflexionar sobre el hecho de lo aislados que son esos casos. Que si vemos la historia de estas personas, nos damos cuenta que su esfuerzo propio y su arduo trabajo, combinado con circunstancias poco alcanzables para la media poblacional, fue lo que los llevó a tener éxito donde antes ningún mexicano había tenido.
Queda claro que un mexicano campesino no llegó al espacio por un proyecto de nación que impulsara la ciencia y la tecnología al grado de que lo pidieran en la NASA, ni que el primer basquetbolista mexicano en la NBA alcanzó un lugar en el circuito más prestigiado de esta disciplina porque hubiera un programa de fomento al deporte ráfaga que viera como resultado el primero de muchos nacionales jugando en la liga del país del norte. Lo que queda expuesto en una frase como esa, es la mentalidad del país en general que sin tener una mira apuntando a algún objetivo ni la intención de hacerlo, lo único que le puede decir el gobierno a su gente es: "ya ven?? no estamos tan tontos"
Puesto en esas palabras, cualquiera de nosotros nos transformamos y vociferamos "en este país NADIE es un tonto" contra quien se le ocurra decir tal infamia (con más o menos groserías). Pero puesto como "otro ejemplo de que los mexicanos sí podemos, pese a todo" ¿a poco no hasta puede imaginarse a su abuelita asintiendo frente al televisor?
Eso es lo que me tiene contrariado! Es lo que me tiene triste, enojado e impotente. Estamos tan mal anímicamente que nos levantan los ánimos con casos aislados que inclusive son demeritados al promoverlo como "la primera persona que usó twitter en español desde la Estación Espacial Internacional". ¿Por qué fregados ponen como estandarte de una GRAN historia de éxito algo tan inverosímil? Lo rebajan al nivel del primero que compró el nuevo iphone o al mexicano que fue la primer persona en entrar a ver el cadaver de Juan Pablo II. ¡Los astronautas mexicanos se cuentan con una mano! Y la trascendencia de desarrollo de inteligencia, cultura, educación, investigación que tiene el hecho de que gente esté en el espacio se ve opacada por la trascendencia de enviar un tweet en español... seguramente el siguiente astronauta mexicano va a tallar con un cutter "puto el que lo lea" en algún lado.
Es necesario cambiar esa forma de pensar. Es imperativo buscar que ya no sean casos aislados los que sumen éxitos mexicanos, sino que la gente pueda notar que son consecuencia de una serie de acciones planeadas como nación y que arrojan resultados tangibles que cada vez son más constantes.
Lo peor es que conforme escribo me vienen más cosas a la mente y sólo consigo que mi redacción se deteriore y que parezca a ratos como cuando el chavo del ocho se emociona y patea agarrándose la gorra. Por lo pronto lo dejaré así para no enrollarme más, pero si leen esto y son capaces de proyectar la idea a distintos ámbitos, verán que en ningún sentido estamos caminando hacia algo que se tenga claro.
El último libro que estoy leyendo es El cosechador de estrellas que es la biografía del astronauta mexicano José Hernández Moreno, quien estuvo en la Estación Espacial Internacional. No escribo para discutir el libro, porque en ningún momento me creo lo suficientemente letrado para dar crítica literaria, sino porque conforme lo he estado leyendo caigo en cuenta de un fenómeno bastante triste que sucede alrededor de esta historia y muchas otras más.
A medida que avanzaba en las primeras páginas, me llegaba esa ola inspiradora que naturalmente viene con leer sobre una historia de superación, automotivación, determinación y perseverancia. Pero también me hizo recordar el fenómeno que sucedió cuando él estaba en el espacio y una vez más cuando se publicó el libro: una vez más las noticias en el medio que gusten y manden se plasmaban de "otro ejemplo de cómo el mexicano sí puede, pese a todo".
Con frases como esa, con más o menos palabras, he leído notas de muchos tipos. Me remonta a una reseña sobre Horacio Llamas que escuchaba en el radio o cuando descubrieron a Neri Castillo jugando en Grecia, entre muchas otras en ámbitos muy variados. Esto, independientemente del gusto que todos sentimos porque un paisano logró triunfar, me hizo reflexionar sobre el hecho de lo aislados que son esos casos. Que si vemos la historia de estas personas, nos damos cuenta que su esfuerzo propio y su arduo trabajo, combinado con circunstancias poco alcanzables para la media poblacional, fue lo que los llevó a tener éxito donde antes ningún mexicano había tenido.
Queda claro que un mexicano campesino no llegó al espacio por un proyecto de nación que impulsara la ciencia y la tecnología al grado de que lo pidieran en la NASA, ni que el primer basquetbolista mexicano en la NBA alcanzó un lugar en el circuito más prestigiado de esta disciplina porque hubiera un programa de fomento al deporte ráfaga que viera como resultado el primero de muchos nacionales jugando en la liga del país del norte. Lo que queda expuesto en una frase como esa, es la mentalidad del país en general que sin tener una mira apuntando a algún objetivo ni la intención de hacerlo, lo único que le puede decir el gobierno a su gente es: "ya ven?? no estamos tan tontos"
Puesto en esas palabras, cualquiera de nosotros nos transformamos y vociferamos "en este país NADIE es un tonto" contra quien se le ocurra decir tal infamia (con más o menos groserías). Pero puesto como "otro ejemplo de que los mexicanos sí podemos, pese a todo" ¿a poco no hasta puede imaginarse a su abuelita asintiendo frente al televisor?
Eso es lo que me tiene contrariado! Es lo que me tiene triste, enojado e impotente. Estamos tan mal anímicamente que nos levantan los ánimos con casos aislados que inclusive son demeritados al promoverlo como "la primera persona que usó twitter en español desde la Estación Espacial Internacional". ¿Por qué fregados ponen como estandarte de una GRAN historia de éxito algo tan inverosímil? Lo rebajan al nivel del primero que compró el nuevo iphone o al mexicano que fue la primer persona en entrar a ver el cadaver de Juan Pablo II. ¡Los astronautas mexicanos se cuentan con una mano! Y la trascendencia de desarrollo de inteligencia, cultura, educación, investigación que tiene el hecho de que gente esté en el espacio se ve opacada por la trascendencia de enviar un tweet en español... seguramente el siguiente astronauta mexicano va a tallar con un cutter "puto el que lo lea" en algún lado.
Es necesario cambiar esa forma de pensar. Es imperativo buscar que ya no sean casos aislados los que sumen éxitos mexicanos, sino que la gente pueda notar que son consecuencia de una serie de acciones planeadas como nación y que arrojan resultados tangibles que cada vez son más constantes.
Lo peor es que conforme escribo me vienen más cosas a la mente y sólo consigo que mi redacción se deteriore y que parezca a ratos como cuando el chavo del ocho se emociona y patea agarrándose la gorra. Por lo pronto lo dejaré así para no enrollarme más, pero si leen esto y son capaces de proyectar la idea a distintos ámbitos, verán que en ningún sentido estamos caminando hacia algo que se tenga claro.